
Esta tradición comenzó con la boda de la Princesa Victoria de Inglaterra con el príncipe Federico Guillermo de Prusia. Victoria, gran aficionada a la música, eligió ella misma las dos marchas que iban a sonar en su boda: La Marcha Nupcial de Mendelssohn y la ópera Lohengrin de Wagner. Desde entonces, esta tradición se ha convertido en una de las más seguidas.

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