
Fueron los teutones los que empezaron la tradición de la luna de miel. Una vez casados, el nuevo matrimonio debía beber un preparado compuesto de agua y miel, durante el periodo de una luna completa. También se dice que cuando un hombre sentía que le habiá llegado la hora de tener una mujer, en vez de considerar una elección sentimental ante su necesidad de buscar pareja, optaba por robarla para llevarla después a un lugar secreto y desconocido por los familiares. Debían pasar treinta días que es el tiempo que tarda la luna en pasar por sus cuatro fases. Mientras ellos se escondían de aquellos que los buscaban tomaban una bebida a base de miel. De esta primitiva costumbre proviene el nombre Luna de miel que ahora significa un viaje de placer que marca el comienzo de la nueva vida.

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