
En la antigua Roma se lanzaban sobre la novia unos pequeños pasteles llamados conferratios, como símbolo de fertilidad. En Inglaterra en el siglo XVII, la tradición era crear una gran torre con todo tipo de repostería justo debajo de los novios, cuanto más alta fuese la torre, más felicidad para el nuevo matrimonio. Hacia el siglo XVIII, un cocinero francés convirtió la torre de pasteles ingleses en una tarta de varios pisos, que es la forma con la que ha llegado hasta nuestros días.

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